La gaviota
La gaviota ¡Cosa extraña, y que dejó sorprendidos a todos los Polos y a todas las EloÃsas! Este sublime artista no llegaba en las alas del genio. Los delfines malcriados del océano no le habÃan cargado en sus filarmónicas espaldas, como hicieron los del Mediterráneo con Arión en tiempos más felices. Tenorini habÃa llegado en la diligencia… ¡Qué horror!…
¡Y —lo que es más— traÃa un saco de noche!
Hubo proyectos de celebrar su llegada tocando un repique general de campanas, de iluminar las casas y de erigir un arco de triunfo con todos los instrumentos de la orquesta del Circo. El alcalde no consintió en ello y poco faltó para que este cangrejo reaccionario fuese obsequiado con una cencerrada.
Mientras MarÃa participaba con el gran cantante de la desaforada ovación que le ofrecÃa un público, que de rodillas los veneraba humildemente, se representaba una escena de diferente carácter en la pobre choza de que ella saliera poco más de un año antes.