La gaviota
La gaviota No tardó en esparcirse por todo el lugar la voz de que la hija del pescador habÃa sido asesinada.
Asà pues, el egoÃsta, torpe y dÃscolo Momo, que ayudado de su espÃritu hostil e instintos egoÃstas creyó realidad lo que vio en el teatro, no sólo habÃa hecho un viaje inútil, por no haber cumplido su comisión, sino que indujo en el terror, en que su torpeza indócil le hizo caer, a todas aquellas buenas gentes.
La cara de don Modesto se le alargó dos pulgadas.
El cura dijo una misa por el alma de MarÃa.
Ramón Pérez ató un lazo negro a su guitarra.
Rosa MÃstica dijo a don Modesto:
—¡Dios la haya perdonado! Bien dije yo que acabarÃa mal. Usted recordará que por más que procuraba yo guiarla a la derecha, ella siempre tiraba a la izquierda.
La tÃa MarÃa, calculando que en vista de la catástrofe no le serÃa posible a don Federico venir por entonces, se decidió a confiar la cura del tÃo Pedro a un médico joven que habÃa reemplazado a Stein en Villamar.
