La gaviota
La gaviota —¡Cómo! —exclamó MarÃa—. ¿Te vas a cenar y me dejas? ¿Me dejas sola y mala como lo estoy, por tu causa?
—¡Pues qué! —replicó el torero—, ¿quieres que yo también me ponga a dieta? Eso no, morena. Me aguardan y me largo. Buen rato te pierdes.
MarÃa se levantó con un movimiento de coraje, dejó caer una silla, salió del cuarto cerrando la puerta con estrépito y volvió en breve, vestida de negro, cubierta de una mantilla cuyo velo le ocultaba el rostro y envuelta en un pañolón, y salieron los dos juntos.
Muy entrada la noche, al volver Stein a su casa el criado le entregó una carta. Cuando estuvo en su cuarto, la abrió. Su contenido y su ortografÃa era como sigue:
«Señor dotor:
»No creha V. que esta es una carta nónima: yo hago las cosas claras; comienzo por decirle mi nombre, que es LucÃa del Salto; me parece que es nombre bastante conocido.