La gaviota
La gaviota El fin de octubre habÃa sido lluvioso y noviembre vestÃa su verde y abrigado manto de invierno.
Stein se paseaba un dÃa por delante del convento, desde donde se descubrÃa una perspectiva inmensa y uniforme: a la derecha, el mar sin lÃmites; a la izquierda, la dehesa sin término. En medio se dibujaba en la claridad del horizonte el perfil oscuro de las ruinas del fuerte de San Cristóbal, como la imagen de la nada en medio de la inmensidad. La mar, que no agitaba el soplo más ligero, se mecÃa blandamente, levantando sin esfuerzo sus olas, que los reflejos del sol doraban, como una reina que deja ondear su manto de oro. El convento, con sus grandes, severos y angulosos lineamentos, estaba en armonÃa con el grave y monótono paisaje; su mole ocultaba el único punto del horizonte interceptado en aquel uniforme panorama.
