El Alcalde de Zalamea
El Alcalde de Zalamea de hacer sentimiento de esto.
ISABEL: Pues, ¿qué había de hacer?
INÉS: Donaire.
ISABEL: ¿Donaire de los disgustos?
MENDO le habla a ISABEL
MENDO: Hasta aqueste mismo instante
jurara yo a fe de hidalgo,
—que es juramento inviolable—
que no había amanecido;
mas, ¿qué mucho que lo extrañe,
hasta que a vuestras auroras
segundo día les sale?
ISABEL: Ya os he dicho muchas veces,
señor don Mendo, cuán en balde
gastáis finezas de amor,
locos extremos de amante
haciendo todos los días
en mi casa y en mi calle.
MENDO: Si las mujeres hermosas
supieran, cuanto las hace
más hermosas el enojo,
el rigor, desdén y ultraje,
en su vida gastarían
más afeite, que enojarse.
Hermosa estáis, por mi vida;
decid, decid más pesares.
ISABEL: Cuando no baste el decirlos,