El Alcalde de Zalamea
El Alcalde de Zalamea Sale ISABEL como llorando
ISABEL: Nunca amanezca a mis ojos
la luz hermosa del dÃa,
porque a su sombra no tenga
vergüenza yo de mà misma.
¡Oh tú, de tantas estrellas
primavera fugitiva,
no des lugar a la aurora,
que tu azul campaña pisa,
para que con risa y llanto
borre tu apacible vista!
Y ya que ha de ser, que sea
con llanto, mas no con risa.
¡Detente, oh mayor planeta,
mas tiempo en la espuma frÃa
del mar! Deja que una vez
dilate la noche frÃa
su trémulo imperio; deja
que de tu deidad se diga,
atenta a mis ruegos, que es
voluntaria y no precisa.
¿Para qué quieres salir
a ver en la historia mÃa
la más enorme maldad,
la más fiera tiranÃa,
que en venganza de los hombre
quiere el cielo que se escriba?
