Quicksilver
Quicksilver Era ella misma.
Y está lista para arder.
Las llamas devoran Yvelia. Madra ha desatado su ejército humano en las tierras Fae, creyendo que puede someter lo que nunca comprendió. Entre el caos, Saeris se alza, una figura entre cenizas, con el guantelete fundido en su brazo y los ojos como carbones encendidos. Ya no es una fugitiva. Es un sÃmbolo. Es la guerra hecha carne.
Junto a Dairon, lidera la resistencia. Él, el estratega. Ella, el fuego vivo. El poder que antes temÃa ahora la obedece, pero no sin coste. Cada hechizo la consume. Cada batalla la desgarra. Y sin embargo, avanza.
En el campo de batalla final, Madra aparece montada sobre una criatura de sombras, envuelta en una armadura hecha de huesos humanos. Entre sus tropas, Hayden, enjaulado como cebo. La Reina Eterna quiere forzarla a abrir Ajun completamente. Pero no entiende. Saeris no necesita puertas abiertas. Saeris es la ruptura.
—¿Crees que puedes ganar? —le grita Madra.
—No vine a ganar —responde Saeris—. Vine a terminar lo que tú empezaste.
El duelo es devastador. La alquimia contra la magia pura. Las tierras tiemblan, el cielo se rompe, y Ajun, desde lo profundo, vuelve a susurrar.
Pero Saeris no cae. No esta vez.
