Sin rumbo

Sin rumbo

🎯 ¿Cansado de los anuncios?
Elimínalos ahora 🚀

XXIX

Había escampado.

Una raya de luz partía en dos el horizonte, se divisaba al oeste como un arco iris acostado.

Las nubes, después de descargar su enorme peso de agua sobre el suelo, livianas, se remontaban. Bajo el espacio ensanchado, la calma empezaba a renacer.

Los gallos, desde las casas, cantaban aleteando; se escuchaba a la distancia el balido de las majadas; desconfiados, los teros observaban, se hacían chiquitos en lo seco, mientras agarrando el campo por suyo, las manadas de yeguas, friolentas, con los pelos parados, retozaban entre el agua.

Era como una aurora de vida y alegría.

Medio dormido aún, asomó Andrés el cuello por uno de los cristales.

—¿Qué pasa? —preguntó.

—Que nos hemos encajado, señor; pero no ha de ser nada, vamos a prender las cuartas.

Y metiéndose los dedos en la boca, el cochero, de pie sobre el pescante, dio un silbido agudo y prolongado llamando a los dos peones que arreaban la tropilla.

Andrés miró el reloj; eran las doce.

En mediodía había andado apenas diez leguas y le faltaban otras diez.

Apuró de nuevo a su gente:


Reportar problema / Sugerencias

eXTReMe Tracker