Sin rumbo
Sin rumbo »Con el corazón henchido de cristiano gozo, habéis asistido, señores, como buenos católicos que sois, al grandioso espectáculo de la ceremonia en que nuestro digno prelado (el cura aquí presente) acaba de inaugurar solemnemente el magnífico altar que un ilustre patriota y venerable anciano (aquí presente también) en un acto de generoso desprendimiento, tuvo a bien donar a la Iglesia de este pueblo.
»Es, a no dudarlo señores, un gran paso el que hemos dado en el sentido del adelanto de la localidad.
»Pero me veo forzado a declararlo: él no basta.
»Tenemos altar, señores, es cierto pero yo pregunto, ¿qué ganamos con eso si carecemos de templo?
»El local que hoy sirve a ese importante objeto, indigno de la pompa y augusta majestad del culto de nuestros padres, reducido e incapaz, por otra parte, para contener a los innumerables fieles que en alas de la fe, se congregan fervorosos a encomendar sus almas a la divina Providencia del Creador, es de todo punto inadecuado a los fines a que se halla consagrado.
»Otra necesidad no menos sentida e imperiosa, señores, es la de una casa apropiada para escuela.