Sin rumbo

Sin rumbo

🎯 ¿Cansado de los anuncios?
Elimínalos ahora 🚀

XIV

Pocos días después de su llegada a Buenos Aires, se hacía en Colón un ensayo general de «Aída», ópera de estreno de la gran compañía lírica italiana contratada por el maestro Solari.

Andrés, a título de viejo camarada del empresario, tenía acceso libre, vara alta en el teatro. Ocupaba cada año uno de los palcos de la escena.

A lo ancho del negro pasadizo que del vestíbulo llevaba a bastidores, un tabique portátil de madera había sido atravesado.

Los profanos, apeñuscados, porfiaban por entrar, apuraban el recurso de sus cábulas:

—¿Qué, ya no me conoce usted a mí?

—¡No embrome, compañero, qué le cuesta!…

—Éste viene conmigo, che, déjelo pasar…

—¿Está Solari adentro? Yo soy su amigo, hágalo llamar, dígale que fulano lo busca…

Tiempo perdido.

El portero, sordo, inexorable, con cara de rabia obstinadamente les cerraba el paso:

—Tengo órdine del siñor impresario para non decar entrar a naidie.

En esas, atinó a llegar Andrés.

No sin trabajo había logrado abrirse camino hasta allí.


Reportar problema / Sugerencias

eXTReMe Tracker