Fausto
Fausto El jenio del norte ha permitido al payador argentino pasear á la rubia Margarita por la pampa inconmensurable, en donde no habia estampado jamás su divina sandalia la musa de la epopeya, y ella, soñando con sus amores y encaminándose á su desastre, se ha detenido un instante en las orillas del Gran Rio,
«a ver las olas quebrarse
«como al fin viene á estrellarse
«el hombre con su destino.»
En esta importacion de la leyenda de la edad media, en esta nacionalizacion del poema metafÃsico, dadas las respectivas distancias, su trova americana ha conservado los rasgos caracterÃsticos de las fisonomÃas, los suaves matices del sentimiento, las caprichosas sombras de la fantasÃa, como los acordes de Mozart y las melodÃas de Bellini guardan su armonÃa ó su cadencia al resonar en una vihuela.
El mérito de su trabajo consiste para mà en haber comprendido y trasmitido en su relato los eternos tipos del Fausto: un artista vulgar no copiaria jamás los cuadros de Rubens ó las telas de Murillo.
