Cronicas
Cronicas Todavía hoy se maltrata a la inteligencia. Eso prueba sólo que el enemigo aún no está vencido. Basta con que hagáis el esfuerzo de entender algo sin ideas preconcebidas, basta con que habléis de objetividad, para que os acusen de sutiles y se enjuicien todas vuestras pretensiones. Pues bien, ¡no! Eso es lo que hay que reformar. Porque yo conozco como todo el mundo los excesos de la inteligencia y sé como todo el mundo que el intelectual es un animal peligroso, proclive a la traición. Pero se trata de una inteligencia que no es la buena. Nosotros hablamos de la que se basa en el valor, de la que durante cuatro años pagó el precio ineludible para tener derecho a ser respetada. Cuando esa inteligencia se apaga, llega la noche de las dictaduras. Por eso tenemos que mantenerla con todos sus deberes y derechos. A ese precio, sólo a ese precio, la amistad francesa tendrá un sentido. Porque la amistad es la ciencia de los hombres libres. Y no hay libertad sin inteligencia y sin comprensión recíprocas.