Cronicas

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Cualesquiera que sean nuestra pasión interna y el recuerdo de nuestras rebeldías, sabemos bien que la paz mundial necesita una Alemania pacificada, y que no se pacifica a un país desterrándolo para siempre del concierto internacional. Si el diálogo con Alemania es todavía posible, la razón misma exige su reanudación. Mas es preciso decir, y con idéntica fuerza, que el problema alemán es un problema secundario, aunque a veces se pretenda convertirlo en el primero de todos, para apartar nuestra atención de lo que salta a la vista. Y lo que salta a la vista es que Alemania, más que una amenaza, se ha convertido en un envite entre Rusia y los Estados Unidos. Y los únicos problemas urgentes de nuestro siglo son los que atañen al acuerdo o la hostilidad de esas dos potencias. Si se llega a ese acuerdo Alemania, y con ella algunos otros países, conocerán un destino razonable. En caso contrario, Alemania se sumirá en una inmensa derrota general. Esto equivale a decir al mismo tiempo que, en cualquier circunstancia, Francia debe preferir el esfuerzo de la razón a la política de potencia. Hoy es necesario elegir entre hacer cosas probablemente ineficaces o con toda seguridad criminales. Creo que la elección no es difícil.




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