Cronicas
Cronicas Sin embargo este argumento tiene otra fuerza, aunque indirecta: plantea el problema de la utopía. En suma, las personas como yo querrían un mundo donde no ya no se mate (¡no estamos tan locos!), sino donde el homicidio no esté legitimado. Y aquí estamos, en efecto, en la utopía y la contradicción. Pues vivimos, cabalmente, en un mundo donde el homicidio está legitimado y si no lo queremos deberemos cambiarlo. Pero no se le puede cambiar, al parecer, sin correr el riesgo de matar. Así, pues, el crimen nos remite al crimen y seguiremos viviendo en el terror, tanto si lo aceptamos resignados como si queremos suprimirlo con medios que lo sustituirán por otro terror.