Cronicas
Cronicas Son éstos, en todo caso, motivos de reflexión y no puedo extenderme sobre ellos en el marco de estos artÃculos. Pero, por hablar más concretamente, digamos que los hombres que decidieran oponer, en toda circunstancia, el ejemplo al poderÃo, la predicación a la dominación, el diálogo al insulto y el simple honor a la astucia; que rechazaran todas las ventajas de la sociedad actual y no aceptaran sino los deberes y las cargas que los unen a los otros hombres; que se aplicaran a orientar la enseñanza primero, la prensa y la opinión luego, según los principios de conducta de que aquà se ha hablado, esos hombres no obrarÃan en el sentido de la utopÃa, es más que evidente, sino conforme al realismo más honrado. PrepararÃan el futuro y, con ello, derribarÃan desde hoy mismo algunos de los muros que nos oprimen. Si el realismo es el arte de tener en cuenta, a la vez, el presente y el futuro, de obtener lo más sacrificando lo menos, ¿quién no comprende que su premio serÃa entonces la realidad más deslumbrante?
Esos hombres se alzarán o no se alzarán, no lo sé. Es probable que la mayorÃa de ellos reflexionen en este momento, y eso está bien. Pero es seguro que la eficacia de su acción no irá separada del coraje con el que acepten renunciar, de momento, a algunos de sus sueños, para dedicarse sólo a lo esencial, que es salvar vidas. Y, llegado aquÃ, quizás sea preciso, antes de terminar, alzar la voz.