Cronicas
Cronicas Ahora bien, con las prisas, la cólera o el delirio de nuestra ofensiva, nuestros periódicos han pecado de pereza. El cuerpo, durante esos días, ha trabajado tanto que el espíritu perdió su vigilancia. Diré aquí en general lo que me propongo detallar después: muchos de nuestros periódicos recogieron fórmulas que creíamos caducas, y no temieron excederse en la retórica o apelar a una sensibilidad de modistillas, como hacía, antes de la declaración de guerra o después, lo más granado de nuestros periódicos.
En el primer caso, hemos de persuadirnos de que nos estamos limitando a calcar, con una simetría inversa, la prensa de la ocupación. En el segundo, recogemos, por comodidad, fórmulas e ideas que amenazan la moralidad de la prensa y del país. Todo ello es inadmisible, o entonces habrá que renunciar y desesperar de lo que tenemos que hacer.