Cronicas

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Y también porque, al igual que un pequeño número de franceses, no estoy nada orgulloso de mi país. Que yo sepa, Francia jamás ha entregado al gobierno ruso a personas de la oposición soviética. Eso llegará, sin duda; nuestras élites están dispuestas a todo. Pero en el caso de España, por el contrario, ya hicimos muy bien las cosas. En virtud de la cláusula más deshonrosa del armisticio, entregamos a Franco, por orden de Hitler, a los republicanos españoles, y entre ellos al gran Luis Companys. Y Companys fue fusilado gracias a ese horrendo trato. Fue Vichy, por supuesto, no fuimos nosotros. Nosotros nos limitamos a internar, en 1938, al poeta Antonio Machado en un campo de concentración, del que sólo salió para morir. Pero, por esos días en los que el Estado francés servía de reclutador de los verdugos totalitarios, ¿quién alzó su voz? Nadie. Sin duda, Gabriel Marcel, porque quienes hubieran podido protestar opinaban, como usted, que todo eso era poca cosa al lado de lo que más detestaban en el sistema ruso. Qué más da entonces, ¿verdad?, un fusilado más o menos. Pero el rostro de un fusilado es una fea llaga y la gangrena termina por meterse en él. La gangrena ganó.



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