Cronicas
Cronicas ¿Cómo eludir ese peligro? Con la ironía. Pero no estamos, ¡ay!, en época de ironías. Estamos todavía en el tiempo de la indignación. Sepamos solamente conservar, pase lo que pase, el sentido de lo relativo, y todo se salvará.
Es cierto que somos incapaces de leer sin irritación, al día siguiente de la toma de Metz, y sabiendo lo que ésta ha costado, un reportaje sobre la entrada de Marlene Dietrich en Metz. Y nunca nos faltarán motivos de irritación. Pero hay que comprender, al mismo tiempo, que eso no significa para nosotros que los periódicos deban ser por fuerza aburridos. Simplemente no creemos que, en tiempos de guerra, los caprichos de una estrella sean necesariamente más interesantes que el dolor de los pueblos, la sangre de los ejércitos, o el encarnizado esfuerzo de una nación para encontrar su verdad.
Todo esto es difícil. La justicia es a la vez una idea y una calidez del alma. Sepamos tomarla en lo que tiene de humano, sin transformarla en esa terrible pasión abstracta que ha mutilado a tantos hombres. La ironía no nos es ajena y no nos tomamos en serio a nosotros, sino a la prueba indecible de este país y a la formidable aventura que tiene que vivir hoy. Esa distinción dará al mismo tiempo su medida y su relatividad a nuestro esfuerzo cotidiano.