Cronicas
Cronicas Por lo demás, quisiera tranquilizar al lector. El caso de estos perseguidos no es desesperado ni están enteramente perdidos para nuestra sociedad. «Los judÃos son como los demás hombres —dice uno de los personajes del libro—, sólo tienen una vida.» Y la vieja Sara gime: «No poseo ni siquiera una tumba». Estoy seguro de que estos pequeños detalles, la idea de que estos perseguidos están hartos de serlo, los harán mucho más interesantes y les granjearán por fin algunos amigos. Ya no quieren la fosa común y piden que se les reconozca el derecho a tener una tumba como todo el mundo puesto que tienen una vida como todo el mundo. Es un buen punto de partida y, siendo asÃ, ya no hay razones para no escucharlos. ¿Os figuráis que hayan aprendido la lección y que, un dÃa, se conviertan en perseguidores? VolverÃan asà a la comunidad, entre el alivio general. Todo estarÃa en orden, por fin. SerÃa el banquete del hijo pródigo, el dÃa de la alegrÃa. HabrÃa entonces que matar al ternero cebado...
¡Matar de nuevo!, dirán los delicados.