Cronicas
Cronicas Señora:
He leÃdo con mucha emoción su relato. No necesito decirle que la verdad, cuando por desgracia tiene ese rostro, no puede abordarse ni abandonarse sin la más sincera de las compasiones. Si me niego a escribir el prólogo que usted me pide no es sólo porque no me guste escribir prólogos. Es porque en verdad hay una especie de desgracia de la cual ya es muy difÃcil hablar cuando ha caÃdo sobre uno mismo, pero que resulta inefable para quien no la haya compartido.