Cronicas
Cronicas Usted calla, en efecto, y ellos hablan, llenando periódicos y salones con sus inagotables justificaciones. Pero, bien pensado, ¿hay algo más natural? El gran secreto de ellos, que yo puedo contarle, es que no tienen muy buena conciencia. Y como es preciso, para recibir de sà mismo la confesión de las propias faltas, un carácter que hoy está desapareciendo, odian cuanto, de cerca o de lejos, les recuerda que, en una ocasión al menos, el valor y la justicia no estuvieron de su lado. Y asÃ, cada vez que usted encuentre impaciencia, cansancio o simple olvido frente a esa tragedia que le es imposible olvidar porque se grabó en su carne, ha de saber que acaba de rendirse un homenaje más profundo que todas las miserias oficiales a aquel cuya historia usted ha querido narrar, al menos una vez.
Esto es lo que querÃa escribirle y que puede añadir, si lo desea, a su libro, para que no se diga que uno de nuestros hermanos murió, cerca de nosotros, en vano, y para que los supervivientes no lo olviden nunca.
Crea, señora, en mis respetuosos sentimientos.