Cronicas
Cronicas ParÃs, 18 de noviembre de 1951
Señor Redactor Jefe:
Debo disculparme ante todo por meterme en una conversación a la cual nadie me invitó. No hubiera tenido el gusto ni incluso el tiempo de hacerlo de no haber en esa conversación, dirigida contra mi persona y no contra mi obra, ataques a los que me veo obligado a responder yo mismo, pues ni su redacción ni el señor Patri se han dignado hacerlo. Mi respuesta será forzosamente larga. Pero usted me disculpará de nuevo, pensando que el proceso publicado por ustedes no lo era menos, que tengo que responder a dos interlocutores, y que no volveré a responder nunca más al señor Bretón.
* * *(...) Tratemos de elevar un poco el debate por encima de estas miserables discusiones. Tomé los excesos surrealistas por lo que eran, gritos desordenados que una joven y legÃtima rebelión lanzaba a las cuatro esquinas del mundo. La exageración y el furor de una justa indignación pueden conducir a todos los extremos.