Cronicas
Cronicas A. C.-Sí, leí ese artículo. Sin gran aprecio. Dejémoslo. El autor del artículo es puntilloso, teóricamente al menos, en materia de insumisión, y me temo que me haya retirado mi patente de revolución. Al mismo tiempo, por supuesto, ha mentido un poco. Porque mentir es, en efecto, no decir que uno de los temas esenciales de mi libro es la crítica de la moral formal que se encuentra en la base del humanismo burgués. Y también es mentir pasar por alto, como todo el mundo por lo demás, mi referencia explícita al sindicalismo libre. Pues afortunadamente existe otra tradición revolucionaria que la de mi examinador. En ella se inspira mi ensayo y todavía no está muerta, ya que sigue luchando, por poner un solo ejemplo, desde las columnas de una revista que se llama La Révolutionprolétarienne. Mucha gente de la que usted ha hablado, y que comprendo que se sienta sola al leer la prensa parisiense, recobraría cierta confianza si conociera esa valerosa revista obrera.
P. B.-Antes de acabar con sus relaciones pasadas y presentes con unos y otros, constatemos también el silencio de la prensa comunista sobre El hombre rebelde. M el menor ataque, ni la más leve censura.
A. C.-A lo mejor es un tema que no interesa a la prensa comunista...