Cronicas
Cronicas P. B.-Para justificar mejor la idea que se hacen de la actitud o de la estética revolucionaria, muchos intelectuales comunistizantes se remiten a Saint-Just, algunos a Sade o a Choerlos. ¿No le parece raro, en esas condiciones, remitirse a rebeliones tan flagrantes? Por otra parte, esos mismos pretenden también anexarse a Lautréamont, Rimbaud, hasta a Baudelaire (de quien les gusta hacer un teórico de la barricada). ¿Acaso existe, en el marxismo tradicional, una dialéctica lo bastante eficaz y poderosa para explicar que los grandes rebeldes de la Historia o la Literatura fueron sobre todo revolucionarios?
A. C.-El maestro de Baudelaire era Joseph de Maistre, que nada detestaba tanto como las barricadas. Saint-Just defendía una moral formal y legalista que se convirtió en la de la burguesía y que fue criticada certeramente por Hegel y Marx. En cuanto a Lautréamont y al antimilitarista Rimbaud, un régimen comunista se creería obligado a reeducarlos. Los que autorizan tales confusiones son comunistas de salón cuyas gracias serían ciertamente divertidas si no se tratara de la libertad y la sangre de los hombres.
P. B.-En lo que concierne a Sade, Rimbaud y Lautréamont, hay quienes me han asegurado tener, desde hace tiempo, las mismas ideas que usted, aunque sin atreverse a formularlas para que no los miraran como a impíos. Le transmito, pues, su alivio y su satisfacción.