Cronicas
Cronicas A. C.-SÃ, ya sé... Todos somos asÃ. Es más fácil lanzarse al asalto del cielo que atacar a las pequeñas divinidades de la moda. Pero alguien tiene que decir un dÃa que el rey está desnudo. Por lo demás, entonces es cuando es posible amarlo de veras. El mayor homenaje que cabe rendir a esos creadores es rechazar su canonización. Lautréamont y sobre todo Rimbaud nunca me parecieron más grandes que en su soledad y su verdad, con la cara lavada de los mitos con que los maquillan.
P. B.-En muchos de los textos, y muy especialmente en lo que yo llamo su «periodismo moral», usted rechaza a menudo la lógica. Pero ¿no cree que la lógica padece en este momento la enfermedad de los hombres y que llegará un dÃa en que, conjurado el mal, la lógica merecerá de nuevo cartas de nobleza? Si no, me parece que desembocaremos en la condena pura y simple de la mayor parte de las filosofÃas.
A. C.-No es la lógica lo que yo refuto, sino la ideologÃa que sustituye la realidad viviente por una sucesión lógica de razonamientos. Las filosofÃas, tradicionalmente, pretenden explicar el mundo, no imponerle una ley —lo cual es propio de las religiones y las ideologÃas.
P. B.-Desde hace unos años vuelve a hablarse mucho de heroÃsmo en los ámbitos del espÃritu. Su afición a la moral, estoy seguro, ha de inducirlo a ver en ello un nuevo humanismo.