Cronicas
Cronicas A. C.-Yo no soy un humanista. Al menos en el sentido en que la palabra se entiende. Y en cuanto al heroísmo, pido que me dejen elegir. Uno no está justificado por un heroísmo cualquiera, ni por un amor cualquiera.
P. B.-La fidelidad, ¿nopertenece igualmente a ese humanismo posible?
A. C.-La fidelidad tampoco es un valor en sí. Los SS eran fieles a sus amos.
P. B.-Sin duda. Pero es cierto que el sentimiento de fidelidad se ejerce para lo mejor y para lo peor. En abstracto, y al margen de todo ejemplo, ¿no cree usted que la fidelidad justifica al hombre?
A. C.-Sí, en el silencio —y cuando se trata de esa fidelidad que sirve a la vida y la felicidad y no de la que se sirve de la muerte y la servidumbre—. Sin duda una de las últimas preguntas que pueda hacerse el hombre para justificarse es ésta: «¿He sido fiel?». Pero esa pregunta carece de todo sentido si no significa primero: «¿No he degradado nada en mí y en los otros?».
P. B.-Sus orígenes mediterráneos, sus fuentes espirituales le han valido a veces la acusación de regionalismo. ¿No es cierto que el corazón de los pensadores ha oscilado siempre entre los dos mitos sentimentales, el Norte y el Sur?