Cronicas
Cronicas ¿Es al menos la capacidad dialéctica del señor Hervé lo que convenció a su colaborador? Confieso que he sido el primer sorprendido al ver cómo este marxista, teniendo que discutir en la revista más avanzada de su partido una tesis sobre Marx, no encuentra ningún argumento, y digo ninguno, ni tampoco ningún texto que oponer a la tesis que desea combatir. Cien años después de Marx, por una vertiginosa decadencia, la dialéctica, con el señor Hervé y sus amigos, ha dejado de ser un arte de razonar para convertirse en un arte de afirmar o negar, a tontas y a locas. Así es como se afirma imprudentemente que no me intereso por las víctimas del colonialismo, pese a cientos de páginas, que tengo a su disposición, y que prueban que, desde hace veinte años, incluso cuando el señor Hervé y sus amigos la abandonaban por razones tácticas, nunca desarrollé realmente otra lucha política que ésaí Y así también soy culpable, siempre según el señor Hervé, de indulgencia hacia Hiroshima, lo cual constituye asimismo una afirmación aventurada. El 8 de agosto de 1945, es decir al día siguiente de Hiroshima, escribía yo en Combat, sin esperar a Estocolmo: «La civilización mecánica acaba de llegar a su último grado de salvajismo». ¿Qué decían, en sus periódicos, el señor Hervé y sus amigos? Se congratulaban, con la prensa que denominan burguesa, de aquella impecable victoria. Podría proseguir esta demostración y lo haré si me empujan a ello. Pero concédame usted ya que el señor Hervé miente al igual que razona: al azar.