Cronicas
Cronicas Tratemos ahora de llegar más lejos. El nihilismo que cabe descubrir en Bakunin y en otros tuvo una utilidad pasajera. Pero hoy, y ustedes, los libertarios de 1950, lo saben muy bien, nos es ya imposible prescindir de valores positivos. ¿Dónde los hallaremos? La moral burguesa nos indigna por su hipocresía y su mediocre crueldad. El cinismo político reinante en gran parte del movimiento revolucionario nos repugna. En cuanto a la izquierda llamada independiente, y en realidad fascinada por el poder del comunismo y enviscada en un marxismo avergonzado de sí mismo, ha dimitido ya. Debemos, pues, encontrar en nosotros mismos, en el corazón de nuestra experiencia, es decir en el interior del pensamiento rebelde, los valores que necesitamos. Si no los encontramos, el mundo se derrumbará, y acaso no sea justo pero nos derrumbaremos con él, y eso será una infamia. No tenemos pues otra salida que estudiar la contradicción en la que se debatió el pensamiento rebelde, entre el nihilismo y la aspiración a un orden vivo, y superarla en lo que tiene de positivo. He hecho hincapié con tanta insistencia sobre el aspecto negativo de ese pensamiento con la esperanza de que pudiéramo s así curarno s de él, y al tiempo conservar el buen uso de la enfermedad.