Cronicas
Cronicas Por supuesto, no me hago ilusiones sobre la afición de los dirigentes comunistas a las libertades democráticas cuando se trata de sus adversarios. Considero solamente que los incesantes procesos estalinianos, por ejemplo, y esas repulsivas sesiones en las que una esposa o un hijo se presentan a pedir el peor castigo para su marido o su padre, constituyen la mayor debilidad de los regÃmenes llamados «populares».
Y creo que los verdaderos liberales no ganarán nada abdicando de su mayor fuerza, la que ya hizo retroceder en Occidente, entre individuos y colectividades, los intentos colonizadores estalinianos: la fuerza de la equidad y el prestigio de la libertad. Una democracia, en todo caso, no puede, sin contradecirse, reducir una doctrina mediante los tribunales, sino sólo combatirla sin debilidad al tiempo que le garantiza la libertad de expresión.