Cronicas
Cronicas Una policía, a menos de generalizar el terror, nunca ha resuelto los problemas planteados por una oposición. No es con la represión con la que se responderá a las cuestiones planteadas por los pueblos colonizados, la política de las chabolas y la injusticia social. La democracia, si es consecuente, no puede beneficiarse de las ventajas del totalitarismo. Todo lo que puede hacer es esforzarse por oponer a la injusticia basada en la fuerza la fuerza fundada en la justicia. Debe, pues, o bien aceptar su handicap, reconocer sus considerables taras y emprender entonces las reformas que constituirán su verdadera fuerza, o bien renunciar a sí misma para convertirse en totalitaria (y, en tal caso, ¿en nombre de qué combatiría al totalitarismo?).
Este principio vale para Henri Martin. El acto que se le reprocha es en sí un acto de oposición política, cometido en circunstancias particulares. La desproporcionada pena que le ha caído encima no apunta sólo a esas circunstancias. Es ostensiblemente injusta. La simple equidad y la regla de la democracia (hasta que se renuncie a ella, pero entonces habría que decirlo) exige que sea liberado sin tardanza.