Cronicas
Cronicas El resultado es que no cabe invocar la necesidad de orden para imponer una voluntad. Así se aborda el problema al revés. Para gobernar bien no basta con exigir orden, hay que gobernar bien para poner en práctica el único orden que tiene sentido. No es el orden lo que refuerza a la justicia, es la justicia la que da al orden su certeza.
Nadie desea tanto como nosotros ese orden superior dentro del cual, en una nación en paz consigo misma y con su destino, cada uno tenga su porción de trabajo y de ocio, dentro del cual el obrero pueda trabajar sin amargura ni envidia, dentro del cual el artista pueda crear sin verse atormentado por la infelicidad humana, dentro del cual cada ser pueda reflexionar por fin, en el silencio del corazón, sobre su propia condición.
No sentimos ninguna afición perversa por ese mundo de violencia y alborotos donde lo mejor de nosotros mismos se agota en una lucha desesperada. Mas como la partida está entablada, creemos que hay que llevarla a término. Creemos también que existe un orden que no queremos porque consagraría nuestra renuncia y el fin de la esperanza humana. Por ello, y por profundamente decididos que estemos a colaborar en la instauración de un orden por fin justo, hay que saber también que estamos determinados a rechazar para siempre la célebre frase de un falso gran hombre y a declarar que preferiremos eternamente el desorden a la injusticia.