Cronicas

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En esas estábamos. Y cuando los hombres de nuestra generación se estremecían con las injusticias, se les convencía de que ya se les pasaría. Y así, paso a paso, la moral de la molicie y el desengaño se fue propagando. Juzgúese el efecto que pudo surtir en este clima la voz desalentada y trémula que pedía a Francia que se replegara sobre sí misma. Siempre gana quien fomenta en el hombre lo que le resulta más fácil, el amor al reposo. El amor al honor, en cambio, requiere una terrible exigencia consigo mismo y con los demás. Es fatigoso, por supuesto. Y cierto número de franceses estaban fatigados de antemano en 1940.

No todos lo estaban. Hay quien se asombra de que muchos hombres que entraron en la Resistencia no fueran patriotas profesionales. Es que, en primer lugar, el patriotismo no es una profesión. Es una manera de amar a la patria que consiste en no quererla injusta, y en decírselo. Pero es también que el patriotismo por sí solo no se bastó para que esos hombres se alzaran en la extraña lucha que fue la suya. Hacía falta asimismo esa delicadeza de corazón que rechaza toda transacción, el orgullo que los usos burgueses creían un defecto y, en resumidas cuentas, la capacidad de decir no.



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