Cronicas
Cronicas Todos estamos de acuerdo sobre los fines, pero discrepamos en cuanto a los medios. Todos aportamos, no nos cabe duda, una pasión desinteresada a la imposible felicidad de los hombres. Sencillamente, hay entre nosotros quienes piensan que para lograr esa felicidad se puede recurrir a todo, y hay quienes no piensan así. Nosotros somos de estos últimos. Conocemos la rapidez con que los medios se confunden con los fines, y no queremos una justicia cualquiera. Quizás eso provoque la ironía de los realistas y Jean Guéhenno acaba de experimentarlo. Pero quien tiene razón es él y estamos convencidos de que su aparente locura es hoy la única cordura deseable. Porque se trata, en efecto, de conseguir la salvación del hombre. Y no situándose fuera del mundo, sino a través de la historia misma. Se trata de estar al servicio de la dignidad del hombre con métodos que sigan siendo dignos en medio de una historia que no lo es. Calcúlese la dificultad y la paradoja de semejante empresa.
Sabemos, en efecto, que acaso sea imposible la salvación de los hombres, pero decimos que ésa no es razón para dejar de intentarlo y decimos sobre todo que no está permitido calificarla de imposible antes de haber hecho de una vez lo preciso para demostrar que no lo era.