Cronicas
Cronicas ¿Quién podría censurarlos? ¿Y quién podría decir que están equivocados? ¿Qué sería la justicia sin la posibilidad de la dicha, de qué serviría la libertad a los míseros? Nosotros lo sabemos bien, nosotros los franceses, que entramos en esta guerra no por afán de conquista, sino cabalmente para defender cierta idea de la felicidad. Sencillamente, esa felicidad era tan indómita y pura que nos pareció que valía la pena atravesar primero los años de la desdicha. Conservemos, pues, el recuerdo de esa felicidad y de quienes la han perdido. Eso despojará de aridez a nuestra lucha y sobre todo imprimirá toda su crueldad a la desgracia de Francia y a la tragedia de sus hijos separados.