Cronicas
Cronicas No se la ayudará con frases despectivas. Se la ayudará con una mano fraternal y un lenguaje viril. Este país, que ha sufrido durante tanto tiempo de senilidad, no puede prescindir de su juventud. Pero su juventud necesita que se confíe en ella y se la conduzca a un espíritu de grandeza, más que a un clima de angustia o de asco. Francia conoció momentos de valor desesperado. Acaso fue ese valor sin futuro y sin dulzura el que al final la salvó. Pero esa violencia de un alma apartada de todo no puede servir indefinidamente. Los franceses no necesitan, ciertamente, ilusiones. Ya son demasiado proclives a alimentarlas. Pero Francia no puede vivir sólo de desconfianza y rechazo. Su juventud, en todo caso, necesita que la provean de afirmaciones para poder afirmarse ella misma.
Siempre resulta difícil unir realmente a quienes luchan y a quienes esperan. La comunidad de la esperanza no basta, es preciso la de las experiencias. Pero aunque jamás sea posible fundir en un mismo espíritu a hombres cuyos sufrimientos son diferentes, no hagamos nada al menos que pueda enfrentarlos. En el caso que nos ocupa, no agreguemos a las angustias de los jóvenes franceses una condena que los subleve si perciben su injusticia o los coloque en situación de inferioridad si opinan que es verosímil. Tenemos muchas razones para ceder a veces a la amargura. Pero, en la medida de lo posible, hemos de guardarla para nosotros.