Cronicas
Cronicas Los extractos que hemos citado están sacados de una carta, de cuatro páginas, de un internado a su familia, cuyas referencias tenemos a disposición de todos. Muchas informaciones nos permitÃan creer que eso estaba ocurriendo, en efecto, con nuestros camaradas deportados. Pero aguardábamos, antes de hablar, informaciones más fiables. Hoy eso es ya imposible. El primer mensaje que nos llega de allá es decisivo y hemos de gritar nuestra indignación y nuestra cólera. Es una vergüenza que debe cesar.
Cuando las campiñas alemanas rebosan de vÃveres y productos, cuando los generales hitlerianos comen hasta hartarse, es una vergüenza, en efecto, que los internados polÃticos conozcan el hambre. Cuando los «deportados de honor» son repatriados de inmediato y en avión, es una vergüenza que nuestros camaradas conozcan aún los mismos horizontes desesperantes que contemplaron durante años. Esos hombres no piden gran cosa. No quieren un trato de favor. No reclaman medallas ni discursos. Quieren solamente volver a casa. Ya están hartos. Accedieron a sufrir por la Liberación, pero no pueden comprender que haya que sufrir con la Liberación. SÃ, están hartos porque les han destrozado todo, incluso esta victoria que es también, y hasta un punto que este mundo indiferente al espÃritu no puede saber, su victoria.