Cronicas
Cronicas Es preciso que se sepa que un solo cabello de estos hombres tiene más valor para Francia y el universo entero que una veintena de esos polÃticos cuyas sonrisas son grabadas por nubes de fotógrafos. Ellos, y sólo ellos, fueron los guardianes del honor y los testigos del coraje. Por eso es preciso que se sepa que, si nos resulta ya insoportable saberlos presa del hambre y la enfermedad, no soportaremos que nos los desesperen.
En esa carta, donde cada lÃnea es motivo de furia y rebelión para el lector, nuestro camarada cuenta lo que fue el dÃa de la victoria en Dachau: «Ni un grito —dice—, ni una manifestación, este dÃa no nos aporta nada». ¿Se comprende lo que eso significa tratándose de hombres que, en vez de esperar a que la victoria les llegara del otro lado de los mares, lo sacrificaron todo para adelantar el dÃa de su más apetecida esperanza? ¡Aquà está, ese dÃa! Y ha de encontrarlos, sin embargo, en medio de cadáveres y hedores, detenido su Ãmpetu por las alambradas, sobrecogidos ante un mundo que, en sus más negros pensamientos, no hubieran podido imaginar tan estúpido e inconsciente.