Cronicas
Cronicas Hace cuatro años unos hombres se irguieron entre los escombros y la desesperación y afirmaron con tranquilidad que nada estaba perdido. Dijeron que era preciso continuar y que las fuerzas del bien podían vencer a las fuerzas del mal a condición de pagar un precio. Pagaron ese precio. Y el preció fue sin duda gravoso, tuvo todo el peso de la sangre y la horrible pesadez de las cárceles. Muchos de esos hombres murieron, otros viven desde hace años entre unos muros ciegos. Era el precio que había que pagar. Pero esos mismos hombres, si pudieran, no nos reprocharían esta terrible y maravillosa alegría que nos llena como una marea.
Porque esta alegría no les es infiel. Los justifica, por el contrario, y dice que tenían razón. Unidos en el mismo sufrimiento durante cuatro años, lo estamos también en la misma ebriedad, nos hemos ganado nuestra solidaridad. Y reconocemos con asombro en esta noche pasmosa que durante cuatro años nunca estuvimos solos. Hemos vivido los años de la fraternidad.