El extranjero
El extranjero «¿Qué tal?», me dijo muy alto. «¿Qué tal?, ya lo ves.» «¿Estás bien? ¿Tienes todo lo que precisas?» «Sí, todo.»
Nos callamos y María seguía sonriendo. La mujer gorda aullaba a mi vecino, sin duda el marido, un sujeto alto, rubio, de mirada franca. Era la continuación de una conversación ya comenzada.
«Juana no quiso tomarlo», gritaba a voz en cuello. «Sí, sí», decía el hombre. «Le dije que al salir volverías a llevártelo pero no quiso tomarlo.»