El hombre rebelde
El hombre rebelde Si ataca el cristianismo, en particular, es sólo en tanto que moral. Deja siempre intactos a la persona de Jesucristo, por una parte, y, por otra, los aspectos cÃnicos de la Iglesia. Se sabe que admiraba, como conocedor, a los jesuitas. «En el fondo —escribe—, sólo el Dios moral es refutado[12]». Cristo, para Nietzsche como para Tolstói, no es un rebelde. Lo esencial de su doctrina se resume en el asentimiento total, la no resistencia al mal. No hay que matar, ni siquiera para impedir matar. Hay que aceptar el mundo tal cual es, hay que negarse a incrementar su dolor, pero hay que consentir en sufrir personalmente el mal que contiene. El reino celestial está inmediatamente a nuestro alcance. No es más que una disposición interior que nos permite poner nuestros actos en relación con esos principios, y que puede darnos la bienaventuranza inmediata. No la fe, sino las obras, éste es según Nietzsche el mensaje de Cristo. A partir de aquÃ, la historia del cristianismo no es más que una larga traición a dicho mensaje. Ya el Nuevo Testamento está corrompido, y, desde Pablo hasta los Concilios, el servicio de la fe hace olvidar las obras.