El hombre rebelde

El hombre rebelde

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El mismo razonamiento enfrenta a Nietzsche contra el socialismo y todas las formas del humanitarismo. El socialismo no es más que un cristianismo degenerado. Mantiene en efecto esa creencia en la finalidad de la historia que traiciona a la vida y a la naturaleza, que sustituye los fines reales con unos fines ideales, y contribuye a crispar las voluntades y las imaginaciones. El socialismo es nihilista, en el sentido desde ahora preciso que confiere Nietzsche a este término. El nihilista no es aquel que no cree en nada sino aquel que no cree en lo que es. En este sentido, todas las formas de socialismo son aún manifestaciones degradadas de la decadencia cristiana. Para el cristianismo, premio y castigo suponían una historia. Pero por una lógica inevitable, la historia entera acaba significando premio y castigo: desde entonces nace el mesianismo colectivista. Del mismo modo, la igualdad de las almas ante Dios, puesto que Dios ha muerto, lleva a la igualdad a secas. También en esto Nietzsche combate las doctrinas socialistas en tanto que doctrinas morales. El nihilismo, ya se manifieste en la religión, ya en la predicación socialista, es el resultado lógico de nuestros valores llamados superiores. El espíritu libre destruirá estos valores, denunciando las ilusiones en que se fundan, los chanchullos que suponen, y el crimen que cometen impidiendo a la inteligencia lúcida cumplir su misión: transformar el nihilismo pasivo en nihilismo activo.


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