El hombre rebelde
El hombre rebelde Lautréamont demuestra que el deseo de parecer se disimula también, en el hombre en rebeldÃa, detrás de la voluntad de trivialidad. En los dos casos, ya se crezca o se rebaje, el hombre en rebeldÃa quiere ser diferente del que es, incluso cuando se ha levantado para ser reconocido en su ser verdadero. Las blasfemias y el conformismo de Lautréamont ilustran igualmente esta desdichada contradicción que se resuelve con él en la voluntad de no ser nada. Lejos de que haya palinodia, como se considera por lo general, la misma furia de aniquilación explica la llamada de Maldoror a la gran noche original y las trivialidades laboriosas de las PoesÃas.
Se comprende con Lautréamont que la rebeldÃa es adolescente. Nuestros grandes terroristas de la bomba y de la poesÃa apenas salen de la infancia. Los cantos de Maldoror son el libro de un colegial casi genial; su patetismo nace precisamente de las contradicciones de un corazón niño levantado contra la creación, y contra sà mismo. Como el Rimbaud de Las iluminaciones, lanzado contra los lÃmites del mundo, el poeta elige primero el apocalipsis y la destrucción, antes que aceptar la regla imposible que lo hace lo que es en el mundo tal como va.
