El hombre rebelde
El hombre rebelde Ciento cincuenta años de rebeldía metafísica y de nihilismo han visto volver con obstinación, bajo máscaras diferentes, el mismo rostro devastado, el de la protesta humana. Todos, alzados contra la condición y su creador, han afirmado la soledad de la criatura, la nada de toda moral. Pero todos, al mismo tiempo, han tratado de construir un mundo puramente terrestre donde reinaría la regla de su elección. Rivales del Creador, se han visto lógicamente llevados a rehacer la creación por su cuenta. Aquellos que, para el mundo que acababan de crear, rechazaron cualquier otra regla que no fuera la del deseo y el poder, corrieron al suicidio o a la locura, y cantaron el apocalipsis. En cuanto a los otros, que quisieron crear su regla con su propia fuerza, eligieron la ostentación vana, la apariencia o la trivialidad; o incluso, el crimen y la destrucción. Pero Sade y los románticos, Karamázov o Nietzsche entraron en el mundo de la muerte únicamente porque quisieron la verdadera vida. De tal modo que, por un efecto inverso, fue la llamada desgarrada hacia la regla, el orden y la moral, la que sonó en aquel universo demente. Sus conclusiones no fueron nefastas y liberticidas sino a partir del momento en que rechazaron el peso de la rebeldía, huyeron de la tensión que supone y eligieron la comodidad de la tiranía o de la esclavitud.
