El hombre rebelde
El hombre rebelde Saint-Just introdujo en la historia las ideas de Rousseau. En el proceso del rey, lo esencial de su demostración consistió en decir que el rey no era inviolable y que debía ser juzgado por la asamblea, no por un tribunal. En cuanto a sus argumentos, los debía a Rousseau. Un tribunal no puede ser juez entre el rey y el soberano. La voluntad general no puede ser citada ante los jueces ordinarios. Está por encima de todo. Se proclaman, pues, la inviolabilidad y la trascendencia de esta voluntad. Sabido es que el gran tema del proceso era, por el contrario, la inviolabilidad de la persona real. La lucha entre la gracia y la justicia halla su ilustración más provocadora en 1789, en que se oponen entonces, hasta la muerte, dos concepciones de la trascendencia. Por lo demás, Saint-Just percibe perfectamente la grandeza de la apuesta: «El espíritu con el que se juzgará al rey será el mismo que aquel con el que se establecerá la República».
