El hombre rebelde
El hombre rebelde En efecto, cuando Herzen, haciendo la apología del movimiento nihilista, en la sola medida, es cierto, en que vio en él una mayor emancipación con relación a las ideas consagradas, escribiera: «La aniquilación de lo viejo es el engendramiento del porvenir», repetiría el lenguaje de Bielinski. Kotliarevski, hablando de aquellos a los que se llamaba también radicales, los definía como apóstoles, «que pensaban que había que renunciar completamente al pasado y forjar, partiendo de otro modelo, la personalidad humana». La reivindicación de Stirner reapareció con el rechazo de toda historia y la decisión de forjar el porvenir, ya no en función del espíritu histórico, sino en función del individuo rey. Pero el individuo no puede elevarse por sí solo al poder. Necesita a otros y entra entonces en una contradicción nihilista que Pisarev, Bakunin y Necháiev tratarán de solucionar extendiendo cada uno un poco más el campo de la destrucción y la negación, hasta que el terrorismo mate la contradicción misma, en el sacrificio y el crimen simultáneos.
