El hombre rebelde
El hombre rebelde La profecía de Marx fue también revolucionaria en su principio. Hallando toda la realidad humana su origen en las relaciones de producción, el devenir histórico es revolucionario porque lo es la economía. En cada nivel de producción, la economía suscita los antagonismos que destruyen, en beneficio de un nivel superior de producción, la sociedad correspondiente. El capitalismo es el último de estos estadios de producción porque produce las condiciones en que todo antagonismo será resuelto y en que no habrá ya economía. Ese día, nuestra historia se volverá prehistoria. Desde otra perspectiva, este esquema es el de Hegel. La dialéctica es considerada bajo el ángulo del espíritu. Sin duda el propio Marx no habló nunca de materialismo dialéctico. Dejó a sus herederos el cuidado de celebrar ese monstruo lógico. Pero dijo al mismo tiempo que la realidad era dialéctica y que era económica. La realidad es un perpetuo devenir, puntuado por el choque fecundo de antagonismos resueltos cada vez en una síntesis superior que, a su vez, suscita su contrario y, de nuevo, hace avanzar la historia. Lo que Hegel afirmaba de la realidad en marcha hacia el espíritu, Marx lo afirmó de la economía en marcha hacia la sociedad sin clases; toda cosa es a un tiempo ella y su contrario, y esta contradicción la fuerza a devenir otra cosa. El capitalismo, porque es burgués, se revela revolucionario, y le hace la cama al comunismo.
