El hombre rebelde
El hombre rebelde Puede precisarse aún el aspecto positivo del valor supuesto por toda rebeldÃa comparándolo con una noción totalmente negativa como es la del resentimiento, tal como la ha definido Scheler[3]. En efecto, el movimiento de rebeldÃa es más que un acto de reivindicación, en el sentido fuerte del término. El resentimiento resulta muy bien definido por Scheler como una autointoxicación, la secreción nefasta, estancada, de una impotencia prolongada. La rebeldÃa, en cambio, fractura al ser y lo ayuda a desbordarse. Libera chorros que, estancados, se vuelven furiosos. El propio Scheler carga el acento sobre el aspecto pasivo del resentimiento, observando la gran importancia que tiene en la psicologÃa de las mujeres, condenadas al deseo y a la posesión. En la base de la rebeldÃa hay, por el contrario, un principio de actividad superabundante y de energÃa. Scheler tiene también razón cuando dice que la envidia colorea intensamente el resentimiento. Pero se envidia lo que no se tiene, mientras que el hombre en rebeldÃa defiende lo que es. No reclama sólo un bien que no posee o del que lo han frustrado. Apunta a hacer reconocer algo que tiene, y que ya ha sido reconocido por él, en casi todos los casos, como más importante que lo que podrÃa envidiar. La rebeldÃa no es realista. También, según Scheler, el resentimiento, según crezca en un alma fuerte o débil, se convierte en arribismo o en acritud. Pero en ambos casos se quiere ser distinto de como se es. El resentimiento es siempre resentimiento contra sÃ. El hombre en rebeldÃa, por el contrario, en su primer movimiento, se opone a que toquen lo que es. Lucha por la integridad de una parte de su ser. No pretende antes que nada conquistar, sino imponer.