El hombre rebelde
El hombre rebelde El hombre nació con la producción y con la sociedad. La desigualdad de las tierras, el perfeccionamiento más o menos rápido de los medios de producción, la lucha por la vida crearon rápidamente desigualdades sociales que cristalizaron en antagonismos entre la producción y la distribución: por tanto, en luchas de clases. Estas luchas y estos antagonismos fueron los motores de la historia. La esclavitud antigua, el vasallaje feudal fueron las etapas de una larga ruta que condujo al artesanado de los siglos clásicos en que el productor era el dueño de los medios de producción. En aquel momento, la apertura de las rutas mundiales, el descubrimiento de nuevos mercados exigieron una producción menos provinciana. La contradicción entre el modo de producción y las nuevas necesidades de la distribución anunció ya el final del régimen de la pequeña producción agrÃcola e industrial. La revolución industrial, el invento del vapor, la competencia por los mercados llevan necesariamente a la expropiación de los pequeños propietarios y a la constitución de las grandes manufacturas. Los medios de producción fueron entonces centralizados en manos de quienes pudieron comprarlos; los verdaderos productores, los trabajadores, ya no disponÃan más que de la fuerza de sus brazos, que podÃan vender al «hombre de los escudos». El capitalismo burgués se definió asà por la separación del productor y los medios de producción. De tal antagonismo resultarÃa una serie de consecuencias ineluctables que permitieron a Marx anunciar el final de los antagonismos sociales.