El hombre rebelde
El hombre rebelde Por lo demás, en el movimiento de rebeldÃa tal como lo hemos considerado hasta aquÃ, no se elige un ideal abstracto, por pobreza de corazón, y con un objetivo de reivindicación estéril. Se exige que sea considerado lo que, en el hombre, no puede reducirse a la idea, esa parte calurosa que no puede servir para nada más que para ser. ¿Quiere ello decir que ninguna rebeldÃa está cargada de resentimiento? No, y lo sabemos suficientemente en el siglo de los rencores. Pero debemos tomar esta noción en su comprensión más amplia so pena de traicionarla y, en este aspecto, la rebeldÃa rebasa por todos lados al resentimiento. Cuando, en Cumbres borrascosas, Heathcliff prefiere su amor a Dios y reclama el infierno para reunirse con la que ama, no es sólo su juventud humillada la que habla, sino la experiencia ardiente de toda una vida. El mismo movimiento hace decir al Maestro Eckhart, en un acceso sorprendente de herejÃa, que prefiere el infierno con Jesucristo al cielo sin él. Es el movimiento mismo del amor. Contra Scheler, no cabrÃa, pues, insistir suficientemente en la afirmación apasionada que corre en el movimiento de rebeldÃa y que lo distingue del resentimiento. Aparentemente negativa, ya que no crea nada, la rebeldÃa es profundamente positiva, ya que revela lo que, en el hombre, hay siempre que defender.