El hombre rebelde
El hombre rebelde A esta pregunta sólo contestó el nihilismo, y no la revuelta. Hasta ahora sólo ha hablado él, repitiendo la fórmula de los rebeldes románticos: «Frenesí». El frenesí histórico se llama poderío. La voluntad de poder vino a relevar la voluntad de justicia, fingiendo, al principio, identificarse con ella, y relegándola luego a algún lugar al final de la historia, esperando que no quedara nada que dominar en la tierra. La consecuencia ideológica venció entonces a la consecuencia económica: la historia del comunismo ruso contradice sus principios. Encontramos de nuevo al final de este largo camino la rebeldía metafísica, que avanza ahora por entre el tumulto de las armas y de las consignas, pero olvidando sus principios, hundiendo su soledad en el seno de las muchedumbres armadas, cubriendo sus negaciones con una escolástica obstinada, vuelta aún hacia el porvenir del que ha hecho desde ahora su único dios, pero separada de él por una multitud de naciones que abatir y de continentes que dominar. La acción por principio único, el reino del hombre por coartada, ya ha empezado a excavar su campo fortificado, al este de Europa, frente a otros campos fortificados.